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Cuatro Ciénegas

Las botas las estrené para ir a Chiapas en 2005. Él dice que debería tirarlas, yo le digo que las suyas están peores. Para llegar a Cuatro Ciénegas, lugar donde nació Venustiano Carranza, la siguiente ciudad más cercana es Monclova, donde un monumento a la fundición adorna la plaza principal. Sin duda, lo mejor de Cuatro Ciénegas son las pozas y sus hermosos atardeceres. Aunque los primeros días tuvimos un clima terrible, al final sí pudimos meternos a nadar. Otro atractivo del lugar son las llamadas dunas de yeso. También hay una cantera de mármol que vale la pena visitar.

El desierto de San Luis

Por años tuve miedo del desierto. El primero que conocí fue el de Sonora, luego Arizona. Y entonces llegó el Sahara y lo cambió todo. En México, quizá mi desierto favorito es Cataviña en Baja California, pero el desierto de San Luis también es muy especial. Pasamos una noche en Matehuala antes de adentrarnos en él. Real de Catorce. Pasamos el año nuevo en el Quemado.
La última luna de 2009. Amanecer de 2010.
Estación Catorce, la otra entrada al desierto.

San Luis Potosí. El jardín de Edward James, Sótano de Golondrinas y la laguna de la Media Luna

Por tercer año consecutivo, hemos afirmado esto como una tradición: el viaje de fin de año, los tres juntos. En esta ocasión el viaje fue a San Luis Potosí y Coahuila. La primera parada fue la Laguna de la Media Luna en San Luis Potosí, un lugar precioso con aguas tibias excelentes para nadar y para el buceo. Desafortunadamente, luego de acampar una noche, el día amaneció lleno de neblina y decidimos emigrar.
Xilitla, con el famoso jardín de Edward James, era uno de los lugares que más había deseado conocer el en país. Aunque nos tocó un día con mucha neblina, el lugar me dejó encantada. La primera foto es de las pozas que se encuentran ahí.
En esta foto, el lugar de uno de mis clásicos encuentros cercanos con indigentes. Sucede que me perdí caminando entre la selva y las construcciones (cosa por demás muy fácil) y unos fraceses salidos como de la nada me dijeron que aún había algunas estructuras más adelante. Visité las estructuras y encontré una especie de cabañas. El problema fue que al cruzar la reja me topé con un indigente de mal aspecto, sin nadie en al menos un kilómetro o dos a la redonda. Acostumbrada como estoy a estas cosas, simplemente lo miré fijo y empecé a caminar velozmente hacia las casas más cercanas. Varios metros más delante un viejo me indicó que aún debía bajar como media hora hasta la carretera para regresar al jardín.

El Sótano de Golondrinas y el Sótano de las Guaguas, profundos refugios de cientos de aves, fueron nuestra siguiente parada en San Luis. Hay que ir al amanecer o a la atardecer para ver cómo los pájaros salen de entre las grietas o regresan para dormir.