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Muertos en Oaxaca

Las fiestas oaxaqueñas tienen varias particularidades: los monos de calenda, las bandas y la algarabía callejera. La festividad de muertos (mi favorita en el calendario) no es la excepción. En este caso, los grupos de gente disfrazada que recorren las calles con música y baile recibe el nombre de "muerteadas".
Por el Día de Muertos Oaxaca recibe muchísimos visitantes, más locales que foráneos. En esta tierra de migrantes muchos vuelven cada noviembre para recordar a los fallecidos, quizá porque la patria nunca deja de ser para nosotros el lugar donde están enterrados nuestros difuntos. La forma en que el Halloween y la celebración mexicana se han mezclado son evidentes: aunque hay calabazas y niños vestidos de Esso en las calles, también hay inflables de calaveras. En la ciudad la explanada del zócalo es cubierta por los tapetes de arena gigantes con motivos tradicionales, y el andador Macedonio Alcalá se llena de ofrendas. Aquí el pan de muerto no presenta los tradicionales huesitos con que lo conocemos en el resto del país: es pan de yema con una cabecita que representa al muerto. Desde el día 30 de octubre muchos recorren la ciudad con ramos de flores, no sólo de cempasúchil, sino también de otras variedades que sirven para decorar los altares. Fiesta de vivos para los muertos, copal, verbena, chocolate caliente y mezcal. Así es noviembre en Oaxaca.

When Oaxaca met the four sexiest female philosophers

Desde que tenía diecinueve años y me fui al Cervantino con mi amiga Chela , su prima Marissa y Wendy, no había viajando con tantas mujeres. He viajado mucho más con hombres, y en la selva descubrí que las mujeres tenemos una fuerza capaz de salvar cualquier viaje: somos las que conservamos el sentido práctico, el instinto de conservación, las que vemos por la comida y el descanso, las que evitamos que las cosas lleguen a un punto crítico cuando todo ha salido mal.
Gaby (Freya-Flora), Thelma (Perséfone-Kali), yo (Inana-Atenea), Perla (Isis-Pelé).
Este fue un viaje muy especial. Un viaje de tránsito, de nunca más, de siempre jamás. De chocolate en la noche y mezcal en la madrugada, de aventuras, de retos, de apoyo. De risas desaforadas, de actos intrépidos, de alegrías grandes, de abrazos. De tolerancia, de intimidad. De descubrirnos siempre capaces, de reconocernos, de admirarnos, de decirnos las cosas directo, sin titubeos. De confesiones, de amor. Porque nunca estaremos separadas. Porque las huellas que hicimos juntas nunca se van a borrar.

El edificio más hermoso del mundo. Regalos de India

Para Gabriel. A falta de autos, mujeres o joyas.

Creo que nunca he escrito aquí gran cosa sobre el Taj (salvo que me habló de amor y de muerte) y que lo mata la ciudad que lo sostiene.

Tampoco hoy diré gran cosa, porque es casi un cliché ir al Taj Mahal si uno va a India, y porque es tan, pero tan lugar común que tres grandes viajeros de India que conozco se resistieron años a visitarlo: Elsa Cross, y mis tíos Peter y Yesy. Valga decir que los tres, cuando por fin cedieron a su fama y belleza, sucumbieron en sus jardines como tantos turistas despistados que lo mismo podrían haber ido a Estambul o Estocolmo.

Los dejo mejor con un fragmento de Michaux:

No hay que olvidar que la India se encuentra en el Oriente Medio, como Arabia, Persia y la Turquía Asiática. El país del rosa, de las casas rosadas, de los saris de bordes rosados, de las valijas pintadas de rosa, de la manteca líquida, de los manjares dulzones e insulsos, fríos y asquerosos, y nada más insulso que el poeta Kalidasa cuando se pone a hacer poesía insulsa.
El árabe, tan violento en su lenguaje eructado, el árabe duro y fanático, el turco conquistador y cruel, son también gente de perfumes nauseabundos, dulce de rosas y lukum.

Un ultra acercamiento del trabajo infinito que implicó el Taj, y aún hoy implica. A uno de sus costados hay talleres de artesanos que aún pasan las de Sísifo por mantener impecable cada pieza del mausoleo. Las incrustaciones sobre el mármol blanco son de coral, ónix y otras piedras preciosas. Se dice que durante la construcción se cortaba las manos a quienes robaran. Un serbio me dijo que se las cortaron también al arquitecto, a quien además cegaron para que no pudiera trazar otro edificio de igual belleza (pero bueno, era serbio, amante del gore... y hubo un proyecto construir un Taj negro... que dudo fuera hecho por un manco-ciego).

Sólo con haber visto el Alcázar de Granada, se puede uno dar cuenta del gusto por el pequeño placer cosquilleante que los árabes han puesto en la arquitectura, esos arabescos fastidiosos ni dentro ni fuera del muro, estrictos y jamás abandonados; afuera un jardín hermético y como helado con raros canteros verdes, y un pequeño rectángulo de agua lisa y sin profundidad, y un pequeño chorro de agua como un hilo, pero alto y que recae con un ruido mezquino, secreto y extenuado. Y en todo eso, no se sabe por qué, una impresión de corriente de aire.

Ésta es la fotografía mía que más muestro del Taj. Loren, que lo visitó conmigo, tiene su propia versión, muy semejante, pero con exposición, encuadre y uso de filtros perfecto. Yo, más floja, estaba al borde la insolación. Me gusta precisamente porque reúne dos clichés: vaca y Taj. Lo que define a India para muchos y que en realidad es, aunque no necesariamente.

Pero hay que ver el Taj Mahal en Agra. A su lado, Notre Dame de París es un bloque de materiales inmundos, buenos para echarlos al Sena, o a un pozo cualquiera, como todos los otros monumentos (salvo quizás el Partenón y algunas pagodas de madera). Reúnan la materia aparente de la miga del pan blanco, de la leche, del polvo de talco y del agua, mezclado y hagan con eso un mausoleo excesivo, hacedle una abierta y formidable puerta como para un escuadrón de caballería, pero por donde no ha pasado más que un ataúd. No olvidéis las inútiles ventanas de enrejado de mármol (pues la materia de que hablo y de la que todo el edificio está hecho, es un mármol extremadamente delicado, exquisito y como doliente, hecho para la inmediata disolución, y que una lluvia derretirá esa misma noche, pero que se mantiene intacto y virginal desde hace tres siglos, con su fastidiosa e inquietante estructura de edificio-señorita). No olvidéis las inútiles ventanas de mármol donde la tan intensamente llorada, la llorada del Gran Mogol, de Shâh Jehân, podrá venir a presentarse al refrescar la tarde.

Como me dijo Luis T., esta es mi foto "National Geographic" del Taj. Tomada en el ángulo perfecto que amablemente me mostró mi guía musulmán que pasó horas hablándome sobre el edificio, su trabajo, su religión y cómo debí haber hecho para pagar el "indian price" a la entrada siguiendo el ejemplo de su amiga colombiana. (Hay un precio de entrada para indios y otro para extranjeros, que es unas cuarenta veces mayor que el de los locales).

A pesar de sus adornos severos, puramente geométricos, el Taj Mahal flota. El fondo de la puerta es como una ola. En la cúpula, la inmensa cúpula, hay algo levemente excesivo, algo que todo el mundo siente, algo doloroso. Doquier la misma irrealidad. Porque ese color blanco no es real, no pesa, no es sólido. Falso bajo el sol, falso al claro de luna, especie de pescado plateado construido por el hombre, con un enternecimiento nervioso.

El Yamamuna, el río a espaldas del Taj. Si algo le faltara para ser perfecto, sería agua, y hasta eso tiene. Aún en el calor la sientes desde los balcones en forma de brisa. Claro, como muchas cosas por estos lares, el río suena más poético de lo que es. La verdad está sucísimo... despistada como soy crucé una parte de él caminando, con el agua hasta la rodilla y un pie herido, mientras me preguntaba si me daría una infección marca diablo, gangrena o de menos pescaría hongos. No me pasó nada, pero mis zapatos apestaron meses. El río se cruza en balsa, que, al igual que la entrada al Taj, tiene un precio irrisorio para los locales y desorbitado para los extranjeros. En mi condición de indian fake una familia pagó mi ida a precio de india, y el regreso tuve que pagarlo a precio de gori (fuereña).



Los fragmentos en cursivas pertenecen a: Hénri Michaux, Un bárbaro en Asia Barcelona, Ediciones Orbis, 1987 (la transcripción fue tomada del blog En busca de otras Ítacas)

P.D. La familia que financió mi cruce en balsa del Yamamuna también me adoptó. Creo que el mayor problema que tuve con ellos ocurrió cuando no entendían por qué no quería irme a dormir a su casa si ya me habían tomado bajo su protección. Al final comprendieron (o disculparon) que ni siquiera fuera a tomar un chai: anochecía y Loren me esperaba con una inglesa altísima con cara de galgo que había comprado un boleto de avión alrededor del mundo y pasaba el segundo de sus cinco días en India.

India-Morocco's love letter (summer, 2007)

It has been two years since I was travelling-living in India. But India is sometimes like the sea (as Emilio Pacheco says): it begins where you first met it, and it comes to you everywhere.

I found this postcard I bought at Panjim (also called Panaji)... such a beatiful city. One of my favorites within the whole world. I found it at a gloomy stationery located on a beautiful street by the sea. Before I came in I felt the breeze, the sun, the weather was perfect. And the postcards I found were it too. I hope you like this one.

Hierve el agua (Boiling water) From my always living love affair with Oaxaca

Hierve el agua or Boiling water is a place located about an hour from Oaxaca city. It has an outrageous view, and petrified waterfalls and water springs. When I went for the first time the road was terrible: a tortuous way trough the mountains. We had to stop twice in order to clean the road clogged with rocks and tree branches. The next time, the way was closed because of conflicts between the two neighbor communities for the control of the place. Last time I was there the road had improved a lot, and a pool and some buildings were being built. Somehow, I feel the place is going to change, and maybe not for good. But anyway, it is still a paradise that you better visit soon.

Foggy Veracruz

Las Minas is a small town located near Xalapa, in Veracruz. To get there you have to take a narrow road between the mountains and make all the way down. It has a river nearby, a square, a church and many beautiful houses.