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Instrucciones para devorar animales

Recuerde su infancia sesenta minutos. Después llore o ría, dependiendo de la conclusión que obtenga. También puede llorar después de reír, porque se ha ido, o reír después de llorar, porque al fin ha pasado y ahora usted ya es más feliz. Compre la carne seca y ya preparada en bolsa. Es fácil de conseguir, pero cómprela de preferencia en un puesto de mercado donde pongan todo en grandes bandejas de plastico y despachen con palitas amarillas o verdes. O tienditas de esas que uno llama de la esquina a aunque estén en mitad de la cuadra, y están siempre medio a oscuras, con un trasfondo insondable donde cabe todo. Viene en pequeñas bolsas o por kilo. Consiga leche de vaca recién ordeñada. Si es imposible, compre de la leche que le parezca menos acuosa y falsa, sáquela del envase de plástico o cartón donde viene y póngala en vasos de vidrio grueso, pocillos o tazas de barro. Caliente o fría, depende del gusto de usted o de los nietos. Siente a los nietos en sus rodillas, hábleles de llanuras interminables, noches con lunas altísimas sobre el desierto, selvas verdes. Recuérdelas o invéntelas, no importa. Tome la carne entre sus manos y juegue con ella, vendrá en forma de leones, peces, perros u otras formas que su imaginación y la de sus nietos descubran. Finja que la carne está viva y paseéla por el mantel de encaje (o de cuadrillé bordado) de su mesa. Cuando usted y su nietos se hayan aburrido del animal, devórenlo sin piedad. Antes pueden ahogarlo en un vaso de la leche previamente lista. O tragarlo y después beber la leche para borrar la inquinidad del asesinato. Luego, metan la mano con los ojos cerrados al paquete donde aguardan el resto de los animales. Y repitan la operación hasta terminar la merienda o acabar con los animales, lo que suceda primero.